Cómo limpiar la cara correctamente mañana y noche
La limpieza es la base de una buena piel. Mal hecha irrita; bien hecha prepara la piel para todo lo demás.
Por qué hay que limpiar la piel
A lo largo del día, tu piel acumula sebo, polvo, contaminación y residuos de productos. La limpieza elimina esa capa para prevenir poros obstruidos y ayudar a que el skincare se absorba mejor. Pero limpiar no significa agredir: si tu piel queda muy tirante después de lavarte, has sido demasiado brusco/a. Una buena limpieza deja la piel limpia, suave y cómoda, nunca áspera ni irritada.
La técnica correcta
Usa agua tibia, nunca muy caliente: el agua demasiado caliente agrede la piel. Aplica el limpiador con las yemas de los dedos haciendo movimientos circulares suaves durante treinta segundos a un minuto. Presta un poco más de atención a la nariz y el mentón, donde se acumula el sebo. Aclara bien para no dejar residuos y sécate dando toquecitos con una toalla limpia: no frotes. Por la mañana, si tu piel es seca, puede bastar con aclarar solo con agua.
Frecuencia y excesos
Dos limpiezas al día son suficientes: mañana y noche. Lavarse la cara con demasiada frecuencia altera la barrera protectora de la piel y la vuelve reactiva. Después del ejercicio, aclarar con agua es suficiente si no tienes tiempo. Evita los limpiadores agresivos, muy espumosos o con mucha fragancia que resecan. Si tu piel siempre queda tirante después de lavarte, cambia a algo más suave.
Aplícalo ahora
- Lávate las manos antes de tocar tu cara.
- Usa agua tibia, nunca caliente.
- Masajea el limpiador en círculos suaves durante treinta segundos.
- Aclara bien y sécate dando toquecitos con una toalla limpia, sin frotar.
- Limpia dos veces al día: mañana y noche, no más.
Preguntas frecuentes
¿Necesito una esponja o un cepillo limpiador?
Los dedos limpios funcionan perfectamente. Los paños y cepillos pueden irritar y albergar bacterias si no se cambian con frecuencia.