Exfoliar la piel con suavidad sin pasarse
Usados bien, los exfoliantes dan una piel más suave y luminosa. Mal usados, irritan. Aquí te contamos cómo encontrar el equilibrio.
Para qué sirve la exfoliación
La exfoliación elimina las células muertas acumuladas en la superficie de la piel. El resultado: una textura más fina, un tono más luminoso y mejor penetración de los productos que aplicas después. La piel se renueva de forma natural, pero ese proceso se ralentiza con la edad y puede volverse irregular. Una exfoliación moderada le da un impulso, sin sustituir nunca la limpieza e hidratación base.
Exfoliantes físicos vs. químicos
Los exfoliantes físicos usan partículas para pulir la piel: elige uno con partículas finas y aplícalo sin presionar fuerte. Los exfoliantes químicos usan ácidos suaves para disolver las células muertas sin frotar, y suelen ser más respetuosos con la barrera cutánea. Para principiantes, una fórmula ligera una o dos veces por semana es más que suficiente. Sea cual sea el tipo, el principio rector es siempre la suavidad.
Evitar los excesos
El error más habitual es exfoliar con demasiada frecuencia o de forma demasiado agresiva, pensando que más es mejor. Una piel sobre-exfoliada se vuelve roja, sensible, brillante e incómoda. Limítate a una o dos veces por semana como máximo, y nunca sobre piel ya irritada ni encima de granos inflamados. Después de exfoliar, hidrata bien y usa protector solar al día siguiente: la piel recién exfoliada es más reactiva a los UV.
Aplícalo ahora
- Exfolia como máximo una o dos veces por semana.
- Elige un exfoliante suave con partículas finas o un ácido suave.
- No presiones fuerte: deja que el producto haga el trabajo.
- No exfolies piel irritada ni granos inflamados.
- Hidrata después y protege del sol al día siguiente.
Preguntas frecuentes
Mi cara se pone roja después de exfoliar, ¿es normal?
Un ligero enrojecimiento temporal puede ocurrir, pero una rojez intensa o duradera significa que te estás exfoliando demasiado. Espacía las sesiones.